Había una vez una niña buena. Era tan buena que nunca daba problemas. Los padres estaban encantados porque no tenían que ocuparse de ella. Los profesores estaban contentos de atender un niño menos en clase. Todos decían que era callada, tranquila y formal.
Con el paso del tiempo, la gente se acostumbró a ignorar su presencia. La niña tenía que apartarse del camino de la gente, porque sino la empujaban. No se molestaba en hablar, porque nadie la escuchaba. Ni siquiera lloraba, porque nadie la miraba.
Y un día se dio cuenta de que se había vuelto invisible.
Continuará.
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